Ya hemos visto de manera general, que a la hora de crear una cartera de acciones propia tenemos una serie de características en las que debíamos fijarnos. La primera que vamos a analizar y explicar es el riesgo y su gestión.

Como ya explicamos el riesgo no es algo negativo, sino que debemos verlo como oportunidad de ganar más dinero, siempre y cuando lo gestionemos bien. Una acción volátil será aquella con grandes altibajos en su precio en periodos de tiempo cortos. De esta forma, a la hora de comprar acciones muy volátiles, lo mejor será hacerlo en aquellos momentos en los que la acción se encuentre a bajos precios.

Debemos saber también que existe el riesgo de mercado, el cuál no se puede eliminar de ninguna forma dentro de nuestra cartera (a no ser que empleemos derivados o productos elaborados) y riesgo del propio activo. Ambos riesgos han de ser tenidos en cuenta a la hora de gestionar nuestra cartera de acciones.

Volatilidad en carteras de inversión

Sin embargo a la hora de gestionar una cartera, lo que menos deseamos es volatilidad, es decir, será preferible una cartera que oscile entre un -2,5%/+2,5% que una cartera que oscile entre un -6%/6%. La explicación es sencilla, si nuestra cartera primero sube un 10% y luego baja un 10%, viéndolo en forma de índice habría subido a un valor de 110% y luego bajaría a 99% y nuestra cartera habría bajado por lo tanto un 1%.

Por lo tanto podemos afirmar que, aunque el riesgo como tal no es algo malo, debemos aprender a manejarlo, y tratar de ajustarlo a nuestra tolerancia a dicho riesgo, eligiendo acciones que se adapten bien a nuestra estrategia de gestión. Pero, ¿cómo calculamos el riesgo?

La desviación típica de una acción

Para calcular la desviación típica de una acción deberemos descargar (en un excel) la cotización histórica de las distintas acciones que queramos incorporar en nuestra cartera, y calcular la rentabilidad diaria de dichas acciones. Después será tan fácil como calcular la rentabilidad diaria y sacar la desviación típica de la acción en cuestión. Después de esto podremos sacar promedios y todo lo que queramos para nuestro análisis, pero aquí nos vamos a centrar en el riesgo.

Una vez hayamos calculado la rentabilidad de los activos por separado, y tengamos la desviación estándar de los mismos, podremos calcular el riesgo de nuestra cartera en base a la ponderación de cada activo en nuestra cartera y a la correlación entre ambos activos.

Para nuestro ejemplo tenemos dos activos, el A con un peso en nuestra cartera del 60% y una desviación típica del 18,72%; y un activo B con un peso del 40% y una desviación estándar del 55,8%. Como podemos ver el activo B es bastante más volátil, aunque arroja una mayor rentabilidad.

Para realizar el cálculo de la volatilidad de nuestra cartera, deberemos emplear la siguiente fórmula:

El efecto de la diversificación en la volatilidad de una cartera -  Tradersecrets

Entonces, la X será el peso de cada activo respectivamente, las dos primeras sigma serán la volatilidad de cada activo respectivamente y y la última de las sigmas (la que tiene el 1,2) es el coeficiente de correlación de los rendimientos de los activos a partir de los cuales estamos creando nuestra cartera. Cabe decir que cuantos más activos la compongan, mayor será el número de cálculos que debamos realizar, aunque todos ellos pueden ser realizados en un excel con bastante facilidad, deberemos realizar la fórmula de forma manual y con coherencia.

De esta forma, nos quedaría la siguiente ecuación:

Varianza = 0,6^2*0,1872^2+0,4^2*0,558*2+2*0,6*0,4*0,2871

Cabe destacar que la varianza es la desviación típica al cuadrado, por lo que al resultado de la fórmula de arriba solo deberíamos calcularle la raíz cuadrada y tendríamos la volatilidad de nuestra cartera, para los números estimados. En este caso el resultado sería una varianza del 20,02% y una volatilidad del 44,74%; se trata de un valor tan alto por la alta volatilidad del segundo activo.

La beta de una acción

La beta es otra forma de medir la volatilidad de una acción, esta vez comparándola con el mercado. Para esta medida se suele tomar un índice de referencia. La beta no es como la volatilidad que solo toma valores porcentuales (y por tanto positivos), ya que puede tomar valores tanto positivos como negativos. Una beta de 1,23 por parte de nuestro activo A quiere decir que si el IBEX35 subiera un 1% un día, nuestra acción subiría un 1,23% ese mismo día.

Aquí debemos tener en cuenta que se trata de un calculo a partir de valores históricos, y que rendimientos pasados no predicen rendimientos futuros; sin embargo sí que nos sirve para saber si un valor es defensivo (entre 0 y 0,75), normal (entre 0,75 y 1,5), ofensivo o agresivo (superior a 1,5) y un valor para recesiones (cuando la beta es menor que 0, lo que significa que siempre hará lo opuesto al índice de referencia).

¿Qué formas de medir el riesgo empleas tú? ¿Qué te parecen las que te hemos explicado, las conocías?