A la hora de financiarse, tanto las empresas como las personas físicas, tenemos distintas formas de hacerlo. En el caso de las empresas (y el Estado también) se recurren a los bonos, que son emisiones de deuda a particulares (u otras instituciones) las cuales deberán ser devueltas, y en las que habitualmente se pagará un cupón cada cierto tiempo. Otra de las formas que tienen las empresas de endeudarse, es como lo hacen los particulares, solicitando préstamos a los bancos, los cuales cobrarán una serie de intereses.

Ahora bien, en este artículo no quiero explicar esas formas de endeudamiento, sino calificar los endeudamientos que realizamos, bajo el criterio de “bueno” y “malo”. También quiero hacer enfoque principalmente a la forma de endeudarse que tienen las personas, y no las empresas, ya que detrás de cada decisión empresarial hay una serie de expertos que estudian todas las posibilidades, y mucha negociación, por lo que dedicaré la entera explicación a la deuda de las personas.

Es cierto que desde que empezó la crisis allá por el año 2007/08 la deuda privada (de empresas y trabajadores) ha disminuido en comparación con la pública (la del Estado), que no ha hecho nada más que aumentar.

Sin embargo, que la deuda de las familias (y cuando digo familias me refiero a los inversores) haya reducido, no quiere decir que haya mejorado la calidad de nuestros endeudamientos. Para ello voy a explicar primero a qué me refiero con deuda “buena” y “mala”, según el concepto que nos explica Robert Kiyosaki.

Según el autor, deuda buena es toda aquella deuda que nos reporta un beneficio, es decir, que los ingresos obtenidos a partir de la inversión de dicho capital serán mayores que los gastos por intereses del prestamo en sí.

Por otro lado, deuda mala será toda aquella que no nos reporte ningún beneficio a largo plazo, sino que nos reporta simplemente satisfacción actual a costa de tener que pagar los intereses en el futuro, sin ningún tipo de beneficio adicional a parte del placer en ese mismo momento.

El ejemplo más claro que se me ocurre, sería comprar por ejemplo un pequeño inmueble en base al endeudamiento. A esto se le llama apalancarse, y nos permite un beneficio mayor de nuestro propio dinero, a cambio de aumentar también el riesgo de las inversiones, por lo que en caso de producirse pérdidas, éstas también serían mayores. De esta manera, para comprar un piso de 50.000€ necesitaríamos solo 10.000€ nuestros, y el resto serían del banco. Después simplemente habría que alquilarlo pro un precio mayor que el del pago de la hipoteca y el resto de gastos del piso. De esta forma, la rentabilidad de nuestro propio dinero será mayor que si hubiéramos destinado 50.000€ a la inversión. El problema vendría cuando, por ejemplo, dicho piso quedase ocupado, la hipoteca tendría que seguir pagándose, sin embargo no tendríamos ningún tipo de ingreso, por lo que incurriríamos en perdidas de dicha inversión (hipoteca + gastos adicionales). Si por el contrario hubiéramos invertido los 50.000€ con nuestro propio dinero, no habría que pagar ninguna hipoteca, por lo que los gastos se verían reducidos al mínimo, pero en caso de no ocurrir ningún evento extraño, la rentabilidad de nuestra inversión sería mayor. Por lo que, aunque la deuda buena nos permite adquirir bienes sin tener la totalidad del dinero para éstos, aumenta también el riesgo de nuestras inversiones.

Pongamos ahora el ejemplo de la deuda mala. Al comprar un coche, y financiarlo, estamos incurriendo en este tipo de deuda, ya que el coche al salir del concesionario ya se deprecia, y lo seguirá haciendo durante toda su vida útil, por lo que nunca nos reportará ningún tipo de ingreso (resultando esto en deuda mala). Otro ejemplo clarísimo, es la utilización de las tarjetas de crédito para pagar nuestras compras, la cual está castigada con un alto tipo de interés, haciendo que los ingresos futuros que tengamos deban de ser destinados a saldar la deuda en la que hemos incurrido.

Por este motivo, mi consejo será siempre el apalancarse con la finalidad de adquirir activos, que nunca incurramos en deuda para comprar algo que a la larga no va a hacer más que perder valor o generarnos gastos adicionales. También deberemos tener en cuenta de que un apalancamiento desmedido nos genera una situación de mayor riesgo o incertidumbre, por lo que deberemos medir el grado de la deuda que adquirimos.