Si miramos atrás en el tiempo, la tasa de Tobin o “tasa de Robin Hood”es un impuesto cuya finalidad es gravar las operaciones que se dan en los mercados financieros, con la finalidad de poder controlar la volatilidad de los mismos. Originalmente propuesta en 1971 por James Tobin con la finalidad de controlar únicamente los movimientos especulativos en los mercados de divisas, pero este concepto ha ido evolucionando al siguiente manera:

Como se ha mencionado anteriormente, la idea principal de este impuesto era controlar la volatilidad de los mercados de divisas en el corto plazo, con la finalidad de que los países puedan establecer políticas monetarias independientes. Poco a poco este concepto fue cambiando, hasta lograr extenderse a un impuesto que grave todas las operaciones financieras.

Actualmente, con el dinero recaudado por el estado que aplique dicho impuesto, se podrían considerar varias alternativas, como podría ser que dicho impuesto fuera una política fiscal que ayudase a recaudar fondos a los gobiernos para destinarlos después a políticas sociales.

Todos estos cambios en el concepto inicial de la idea de James Tobin han tenido como resultado la desnaturalización del objetivo principal de la misma, contribuyendo a la percepción errónea de la tasa en cuestión.

Los principales problemas que esta tasa nos plantea, es la disminución de la liquidez de los mercados en los que se aplique, debido a una disminución de las operaciones por parte de los inversores. Se podría incluso a plantear la posibilidad de un efecto negativo en el crecimiento futuro de la economía de un país, debido a una huida de capitales por parte de las empresas extranjeras.

Sin embargo, los defensores de este impuesto dicen que contribuirá a una estabilización global de la economía al reducir la fluctuación de las monedas de los países debido a una menor especulación.