En un mundo de cambio constante, una de las mejores virtudes es saber adaptarse a dichos cambios, no solo por la ventaja competitiva que esto nos aporta, sino porque ello nos hará más felices.

Recientemente he leído un cuento o fabula, como quiera verse, con una enseñanza moral muy grande, “¿quién se ha llevado mi queso?”. Nos cuenta la historia de 2 ratones y 2 liliputienses que buscan queso en un laberinto, viendo al queso como aquellos sueños personales que buscamos alcanzar, cualquiera que sea su índole, y el laberinto, el tiempo que empleamos en ir detrás de ellos y de encontrarlos.

De esta manera, los ratones representan a seres simples y los liliputienses seres complejos. Todos ellos se encuentran en el laberinto buscando su queso particular, y todos ellos acaban en un mismo depósito de queso En este punto, los roedores en ningún momento pierden las costumbres, todos los días husmeaban el depósito con el fin de detectar cambios, mientras que los liliputienses se acomodaron y perdieron las costumbres que les hicieron encontrar el depósito.

Un día el depósito se encontró vacío, y los roedores no tardaron en salir a buscar otro nuevo, mientras que los liliputienses se negaron a reconocer que el queso se había acabado, y simplemente iban todos los días a comprobar si lo habían devuelto, o seguía siendo un depósito vacío. Un día uno de los dos liliputienses pensó que el queso se había estado agotando sin que ellos se hubieran dado cuenta, incluso al final, el queso estaba rancio, por lo que, pese al terror que le infundaba adentrarse en el laberinto, se dispuso a ello, ya que sabía que era más probable encontrar queso nuevo en él que en el depósito vacío, por lo que trató de convencer a su compañero de que fuera juntos, pero este se negó.

Finalmente, y una vez dentro del laberinto, el liliputiense comprendió que lo que le hacía feliz era desechar el miedo que le inundaba cuando perseguía algo, ya que el miedo nos impide avanzar. Una vez nos hemos desecho de nuestros miedos, nos sentimos más libres y con más fuerza para perseguir nuestros objetivos.

Por último, se relata como al final el liliputiense encuentra otro depósito de queso nuevo, en el cual los roedores ya llevaban instalados un tiempo, y se pregunta como estaría su amigo, y si debía volver a por él, pero se repite a sí mismo que ya trató de alentarle a buscar queso nuevo y éste no quiso, por lo que ya no podía hacer nada por él, y también decidió adoptar las costumbres de los ratones y no descuidarse, de forma que cuando el queso empezase a escasear él se diese cuenta de lo que estaba pasando, y poder reaccionar a tiempo.

Las enseñanzas que podemos sacar en claro es que nunca debemos acomodarnos una vez conseguido o encontrado aquello que llevamos tanto tiempo buscando, ya que en cualquier momento esto podría desaparecer. Es por este motivo que hay que estar constantemente alerta, para notar cuando se aproxima el cambio, y saber como reaccionar a él, porque como he dicho al principio, vivimos en un mundo cambiante en el que nada es estático