Hay distintas teorías que tratan de explicar por qué somos de una forma o de otra. Mucha gente por ejemplo tiene conciencia de sí mismos a partir de las opiniones de los demás. Algo que no es en absoluto bueno, ya que nos aporta el reflejo difuminado de un espejo social que no va a proyectar cómo somos realmente.

A partir de la idea de que tenemos un “mapa” trazado que explica como somos, surgen tres ideas distintas, o tres “mapas” distintamente formados, ya que la base de esta idea es que estamos determinados por algo externo, estímulos que recibimos:

  • Determinismo genético: explica que los genes son los causantes de nuestras elecciones, que si decidimos tener una mala reacción a algo, es por el mal genio del abuelo.
  • Determinismo psicológico: nos viene a decir que la forma en que vayamos a comportarnos ante las distintas situaciones a las que nos enfrentemos a lo largo de nuestra vida vienen condicionadas por la educación que recibimos de pequeños.
  • Determinismo ambiental: simplemente externaliza la culpa a los demás, por ejemplo vamos andando por la calle un día de lluvia y un coche pasa demasiado deprisa por encima de un charco salpicándonos, siendo nuestra respuesta culpar al conductor de lo que ha pasado y no a nosotros mimos por pasar cerca de dicho charco.

Todo lo mencionado anteriormente está basado en la idea de que para cualquier estímulo, tenemos una respuesta, como la Teoría de los perros de Pavlov, siendo cada una de nuestras respuestas diferentes según el estímulo que nos llegue.

Antes de continuar, vamos a explicar que es la autoconciencia. Se trata del proceso del conocimiento de uno mismo a partir de, digamos, vernos desde fuera de nuestro propio cuerpo, sabiendo qué sentimiento tenemos actualmente, para ver nuestra respuesta externa, de forma que podamos llegar a conocernos mejor que antes de este ejercicio.

Este término nace del psiquiatra judío Viktor Frankl, que estuvo en diversos campos de concentración nazis, y a partir de estas experiencias que tuvo, comenzó a desarrollar sus teorías.

No tenía libertad externa, ya que las humillaciones de los nazis eran incesantes, pero su libertad interna era mayor, y él decidía como reaccionar a los estímulos externos que ellos generaban. Y esto era posible gracias que su autoconciencia y su voluntad independiente* eran extremadamente elevadas. Ellos podían hacer lo que quisieran, pero él era el único capaz de elegir cómo reaccionar a dichos estímulos. Llamó a esa capacidad de decidir como reaccionar a los estímulos externos libertad última.

*Voluntad independiente es la capacidad de actuar con base a nuestra autoconciencia, libres de cualquier otra influencia externa.

Por ello, Viktor defiende que ante cualquier estímulo, el ser humano tiene la capacidad, o mejor dicho la libertad interior de elegir como quiere reaccionar, de cual será la respuesta.

Pero para elegir como queremos reaccionar, tenemos distintas cosas a tener en cuenta:

  • El valor de la experiencia, que es aquello que nos sucede.
  • El valor creacional, que es aquello que nosotros aportamos a aquello que nos sucede.
  • El valor actitudinal, que para el psiquiatra era el más importante, y que defiende que al final, ante cualquier estímulo externo, los dos valores anteriores son muy importantes, pero lo que realmente marca la diferencia es la actitud que tú tengas frente a cualquier estímulo.